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Gino Malaguti*

* Ingº Agrº, Profesor Titular, Facultad de Agronomía, Universidad Central de Venezuela. Maracay, Venezuela


La planta de maíz y las enfermedades

La planta de maíz, aunque de reconocida adaptabilidad y resistencia, sufre frecuentemente de enfermedades. Éstas consisten en trastornos o anomalías que alteran la fisiología o el funcionamiento normal de la planta, la cual modifica su desarrollo y reduce o anula su producción. En épocas pasadas, cuando el cultivo en Venezuela estaba restringido a pequeñas áreas o "conucos", los problemas fitopatológicos no eran frecuentes. Esto se deduce de los escritos del alemán Adolfo Ernst - de amplia cultura y de una actividad sorprendente en todas las ramas de las ciencias naturales, especialmente la Botánica - y del norteamericano Albert S. Muller, precursor de la Cátedra de Fitopatología, en la recién creada (año 1939) Escuela Superior de Agricultura y Zootecnia, ubicada en El Valle, Caracas.

Adolfo Ernst (1891) encontró un maíz sembrado en Sabana Grande y Chacao (Caracas), afectado por el "carbón" (Ustilago maydis), cuyos síntomas y origen describe con muchos detalles. Muller (1939), en un informe efectuado después de inspeccionar varios campos en el estado Aragua, hace notar la ausencia de enfermedades en las siembras de maíz; aunque, en el mismo año, en la revista "El Agricultor Venezolano", describe la "raya blanca del maíz" que corresponde al "mosaico" o "enanismo rayado" ("maize mosaic"), descrito por Herold et al. (1960) y Malaguti (1963). De otro lado, Chardón y Toro (1934) en las Exploraciones Micológicas de Venezuela señalan sobre maíz, solamente los siguientes hongos: Gibberella sp., Puccinia sorghi y Ustilago zeae.

En épocas más recientes, a partir de 1950, cuando el cultivo del maíz se hizo mecanizado y extensivo, ocupando mayores áreas, se presentaron nuevos y variados casos de enfermedades. Los fenómenos fitopatológicos han sufrido evoluciones y cambios notables: algunos, en un tiempo frecuentes y perjudiciales, tales como el carbón y el mosaico, prácticamente han desaparecido para dar lugar a otras enfermedades, igualmente severas, tales como la "roya tropical" (Physopella zeae), la "punta loca" (Peronosclerospora sorghi) y el "achaparramiento" (Fitoplasma).

Otras enfermedades presentes desde hace mucho tiempo en Venezuela, como las royas comunes y varias manchas foliares, han venido adquiriendo, en ocasiones, formas muy virulentas y severas, al presentarse condiciones ambientales excepcionalmente favorables. Así mismo, se ha notado un incremento en el número e incidencia de enfermedades de origen bacteriano y, sobre todo, en las virales. En lugar del "mosaico" mencionado antes, han adquirido mucha importancia las virosis ocasionadas por virus del grupo del "mosaico de la caña de azúcar" (SCMV), como es el "mosaico enanizante del maíz" (MDMV).

Frecuentemente, las enfermedades no tienen una etiología bien definida. A menudo, el agricultor las consideraba males fortuitos que aparecían y desaparecían sin causa aparente, como una degeneración producida por la misma planta, y los eventuales hongos presentes, serían simples acompañantes de la enfermedad. La lluvia, el rocío, la neblina, la luna, los rayos solares, la sequía o el calor, eran las causas más aceptadas. La idea de que ciertos patógenos, tales como hongos, bacterias y virus pudieran ser causa de enfermedades (conceptos bien claros para Ernst, Müller y tantos hombres de ciencia de aquel tiempo), no siempre era compartida por la mayoría de los campesinos y agricultores.

También hoy es posible oir en el campo la expresión: "tal mal le nació a la mata" por la influencia de los astros o del ambiente, o por el "mal de ojo" de algún enemigo, brujería o algo divino. La idea del origen divino de los males era la única idea aceptada en la antigüedad por los egipcios, griegos y romanos, quienes consideraban que debían aplacar la ira de los dioses con plegarias, sacrificios o festividades. De aquella época vienen las "Robigalia", festividades en honor al dios Robigo, que controlaba la roya del trigo (Maxima segetum pestis), la enfermedad más temida en aquel tiempo en los países del Mediterráneo. Ideas similares han perdurado en el tiempo, inclusive en la religión cristiana. Las Rogaciones, que se cumplen en las Iglesias, rogando a Dios o a los Santos para que hagan cesar una enfermedad o no la envíe, es una bajas práctica común en el ritual cristiano. Igual origen podría tener la bendición de los campos que, en muchas regiones, hace el sacerdote en el mes de mayo, al inicio de las siembras, o cuando se coloca en los diferentes lotes, una cruz con una hoja de olivo y el cura reza: "a peste et terremotu libera nos Domine".

Quizás, desde la oscura Edad Media europea o de las creencias indígenas, llenas de brujos y espíritus, han llegado hasta épocas recientes y actuales las prácticas de santiguar por medio de un cura o, más frecuentemente, por un "santero" o "ramero", si lo hace con ramas. Estas ideas de la generación expontánea, así como del origen divino de las enfermedades, persisten todavía, no sólo entre campesinos, sino también entre personas instruidas. Ellas son producto del desconocimiento de la etiología de las enfermedades, las cuales son causadas por agentes patógenos bióticos (hongos, bacterias, richettsias, fitoplasmas, virus, viroides) o abióticos (condiciones particulares del clima y del suelo) o complejos etiológicos varios.


Incidencia de las enfermedades en el cultivo del maíz

El cultivador de maíz ("conuquero", campesino o agricultor), al sembrar las semillas en un terreno bien preparado y luego, al ver nacer las plántulas lozanas y vigorosas, confía en lograr una buena cosecha. Esta esperanza se ve frecuentemente frustrada a causa de las adversidades, entre ellas las enfermedades que afectan a las plantas, las cuales no pueden producir el fruto que podría esperarse de su potencial genético y agronómico.

La planta enferma se reconoce a través de los síntomas, que son manifestaciones a veces bien visibles y llamativas (como ciertos tumores, pudriciones y manchas foliares); otras veces, casi imperceptibles (como algunas virosis y deficiencias de origen edáfico o nutricional). Por lo general, todas las enfermedades causan una reducción de la producción, o sea, una pérdida que ha sido calculada para el cultivo del maíz, en un 10 ó 15% de la producción teórica o potencial, la cual se obtendría si la siembra estuviese totalmente libre de adversidades.

La evaluación de la pérdida o del daño económico causado por una enfermedad, en determinadas condiciones ambientales y agronómicas del cultivo, es de suma utilidad para establecer su importancia y su umbral económico, o sea, el límite hasta el cual la "cantidad" de la enfermedad y el daño que causa es tolerable, por ser el valor de esa pérdida inferior al gasto que representaría una eventual medida de combate o control.

La incidencia o "cantidad" de enfermedad que afecta al cultivo, se determina en la práctica a través de los síntomas; sin embargo, hay que recordar que el "volumen" de los síntomas no siempre está en relación directa con el daño económico. Así, por ejemplo, si las hojas de maíz están totalmente recubiertas de manchas causadas por el hongo Curvularia, el daño económico es mínimo; mientras que éste sería notable si las manchas fuesen causadas por hongos tales como Cercospora o Helminthosporium. Esto es debido a la diferente capacidad que tienen esos patógenos de producir toxinas y necrosis en los tejidos del hospedero. Así mismo, el daño causado por esos patógenos es muy elevado cuando recubren las hojas de plantas jóvenes, siendo menor cuando se presentan en plantas ya desarrolladas.

El estudio del daño y del umbral económico es indispensable, sobre todo en una agricultura sostenible, donde el combate de una determinada enfermedad debe ser integrado, basado en la escogencia del método económico y técnicamente más conveniente.

En Venezuela, se han hecho pocos estudios de este tipo en maíz. Ellos requieren un amplio conocimiento del cultivo, además del conocimiento de las enfermedades que lo afectan: su etiología, epidemiología y ciclo biológico de los agentes involucrados. En efecto, un fenómeno fitopatológico, por lo general, no tiene una sola causa u origen, sino un conjunto de causas, es decir, un complejo etiológico, donde diferentes agentes causales, bióticos y ambientales, se interrelacionan.

La planta de maíz varía mucho su aspecto y productividad en las diferentes condiciones ambientales. Así, por ejemplo, la misma variedad que sobrepasa los tres metros de altura en los llanos, durante el período de lluvia, no alcanza los dos metros durante el verano con riego y no llega a un metro en ciertas zonas marginales de los Andes, inadecuadas para el cultivo, debido a las bajas temperaturas y suelos pobres. En este último caso, además del tamaño más pequeño, las hojas son de color amarillento y rojizo, los tallos más delgados y las mazorcas más escasas en número y tamaño. Estas manifestaciones, en sí mismas, podrían ser interpretadas como síntomas de enfermedad, si no fuesen consideradas en el cuadro ecológico de una región o de una siembra determinada.

Los productos fungicidas son usados raramente en el cultivo del maíz, limitándose su empleo a la desinfestación de la semilla; mientras que sí son de uso corriente los productos herbicidas e insecticidas, los cuales frecuentemente causan daños por su mal uso.

Para el control de la mayoría de las enfermedades del maíz, es útil la destrucción de los restos de vegetación (saneamiento), ya que éstos pueden contener entidades capaces de infectar las nuevas siembras. También hay que emplear prácticas agronómicas adecuadas. En efecto, el terreno donde se siembra el maíz es frecuentemente pesado o inadecuado, no siempre bien preparado, ni nivelado y drenado, y con baja fertilidad por deficiencia de nitrógeno y fósforo.

Se sabe que el uso de cultivares mejorados, resistentes a las enfermedades, es la medida de combate más práctica y económica; sin embargo, muchas veces no se dispone de ellos.

Actualmente, en el CIMMYT y CIAT, se están desarrollando proyectos para la selección de germoplasmas de maíz con tolerancia a suelos ácidos, menos exigentes en nitrógeno, resistentes a "mildiú" lanoso y a las enfermedades foliares y del tallo.

En Venezuela, en el Instituto de Genética de la Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y en el Instituto de Agronomía del Fondo Nacional de Investigaciones Agropecuarias (FONAIAP), así como en instituciones privadas (Himeca y otras casas productoras de semilla) y en la Fundación para la Investigación Agrícola Danac, de la Fundación Polar, se están desarrollando proyectos de mejoramiento, con el fin de obtener maíces de porte bajo y con resistencia a la sequía, al "mildiú" (Peronosclerospora sorghi) y al achaparramiento ("corn stunt").

Muchas veces se ha llamado la atención sobre el hecho de que el maíz, cereal típico del trópico latinoamericano, tenga mayor adaptación y productividad en otras latitudes, como las del Mediterráneo o Norteamérica. Esta menor productividad se debe a varias razones, entre ellas (además de las variaciones climáticas y edáficas) a la mayor incidencia de enfermedades, plagas y malezas (Malaguti y Subero, 1996).

En Venezuela, las enfermedades señaladas en el maíz son muchas, pero solamente algunas tienen alta incidencia y características epifitóticas, como para constituir factores limitantes del cultivo. En el Cuadro 1, se da una visión panorámica de las enfermedades que lo afectan, indicándose la incidencia, el daño económico y los estudios realizados.



Cuadro 1. Principales enfermedades del maíz en Venezuela

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Problemas en semillas, plántulas y raíces

A veces, las semillas de maíz no son aptas para la siembra por su limitado porcentaje de germinación, o porque se pudren prematuramente en el suelo. La falla más frecuente se deriva de la mala preparación y deficiente almacenamiento de la semilla. Esto ocurre cuando los granos son cosechados o almacenados con un grado de humedad demasiado alto. Bajo esas condiciones, el embrión y el escutelo presentan una coloración parda más o menos oscura, por invasión de hongos, como Aspergillus spp. y, en especial, A. flavus y A. niger , que son los más frecuentes. Ambos invaden el embrión y causan la muerte del mismo, antes o al momento de la germinación. Así mismo, se han encontrado en los granos Nigrospora oryzae, Fusarium moniliforme, Diplodia maydis, Penicillium spp. y Aspergillus spp.

Para evitar el desarrollo de los hongos, cuyas esporas o micelios han infestado la mazorca en el campo, hay que reducir el grado de humedad a un 12% y almacenar la semilla en mazorcas (en galpones ventilados) o en grano (en cavas refrigeradas entre 15 a 18ºC y 40 a 45% de humedad relativa).

De otro lado, las raicillas de las plántulas pueden ser atacadas por microorganismos existentes en el suelo. En este caso, el daño está directamente relacionado con las condiciones ambientales adversas, que retardan la germinación y por ende, alargan el tiempo de exposición a los hongos del suelo. Las lluvias persistentes, los períodos fríos (el "suelo frío", como dicen los agricultores), una sequía prolongada, un terreno mal preparado o que forma costras en la superficie, son los principales factores adversos.

Las raíces pueden presentar lesiones más o menos amplias, con manchas de color castaño claro o rojizas, que al final se vuelven negruzcas. El aparato radical puede ser parcial o totalmente destruido, con el consiguiente desarrollo limitado de la planta. (Fig. 1, A).

Los hongos más frecuentes en esas lesiones radicales son: Pythium arrhenomanes, P. aphanidermatum, P. ultimun, Fusarium moniliforme, F. roseum, Macrophomina phaseolina y Rhizoctonia solani. Estos organismos se han observado en el tallito y en las hojas primarias, causando una especie de "tizón" de las plántulas.

A veces, el problema se hace más grave por la acción de nemátodos de los géneros Pratylenchus spp., Trichodorus spp., Belonolaimus spp., Dolichodorus spp., Hoplolaimus spp., Helicotylenchus spp., u otros, los cuales causan lesiones en las raíces, que debilitan a las plantas y facilitan la entrada de patógenos.

Combate

Además de las prácticas ya mencionadas, relativas a la preparación adecuada de la semilla, existe el tratamiento con agroquímicos. La aplicación de un producto que a la vez desinfeste el grano, estimule la germinación y proteja a la semilla en el suelo, es sin duda una práctica recomendable, especialmente cuando se presentan las condiciones adversas que atrasan la germinación. Sin embargo, en varios experimentos se ha observado que el porcentaje de germinación y el vigor de la plántula no difiere sensiblemente entre las parcelas tratadas y el testigo, si las condiciones de suelo, temperatura y humedad son favorables a la germinación.



Enfermedades del tallo, mazorcas y granos

El tallo del maíz puede ser afectado por varias anomalías, sobre todo de origen fungoso. Entre ellas, las más importantes son:

a. Podredumbre del tallo por Pythium

Esta enfermedad es frecuente en las siembras comerciales de maíz, especialmente en las regiones cálidas de los Llanos Occidentales (Cojedes y Portuguesa) y otras regiones, y en el Sur del Lago de Maracaibo (Zulia), especialmente en siembras aporcadas o cultivadas mecánicamente. Ocurre en forma epifitótica cuando se presentan largos períodos de altas temperaturas y elevada humedad ambiental. Las siembras invadidas con maleza muy densa, donde la circulación del aire es deficiente, son las más afectadas.

En Venezuela la enfermedad ha sido descrita por Pontis (1950). En 1995, se presentó un severo ataque de esta enfermedad en Sabaneta, estado Barinas, afectando a diferentes cultivares híbridos de maíz (comunicación personal L.J. Subero).

El síntoma más característico es un estrangulamiento que se presenta en el tallo, entre el primero y segundo entrenudo. El estrangulamiento abarca una porción de unos 10 a 30 cm de largo. En su comienzo, se presenta como una mancha de color pardo claro o pardo grisáceo, de aspecto húmedo brillante, con bordes indefinidos, que progresa irregularmente en el tallo, hacia abajo o hacia arriba. Seguidamente, la zona enferma se presenta hundida, algo blanda, de aspecto húmedo, mientras el tallo se agrieta longitudinalmente y se contrae por pudrición de la médula. Finalmente, el tallo se estrangula y se dobla en la zona afectada. (Fig. 1, B)

Es fácil detectarla por el alto número de plantas caídas, que aparecen atravesadas entre las hileras. Por lo general, la planta no se seca, sino que, una vez en el suelo, permanece verde, doblando su ápice hacia arriba, con la emisión de raíces adventicias que nacen de los nudos en contacto con el suelo. En los años 1995 y 1996, debido a las lluvias abundantes, la enfermedad se presentó en forma severa, causando la podredumbre en entrenudos a diferentes alturas del tallo. (Fig. 1, C).

Esta enfermedad es causada por el hongo Pythium aphanidermatum (= P. gracile y P. butleri), hongo muy polífago que ataca a un gran número de plantas, entre ellas: lechosa o papaya, pepino, remolacha, piña, pimentón, auyama, tomate, caraota y otras. Este patógeno es un habitante del suelo, el cual actúa cuando se presentan las condiciones de alta temperatura (entre 30 y 38ºC o más) por un período prolongado (unos 9 ó 10 días) y alta humedad del suelo, debido a lluvias abundantes y continuas. En medio de cultivo de agar papa glucosado, la temperatura óptima para su crecimiento está alrededor de los 34ºC, pudiéndose desarrollar hasta 46º, única especie del género en hacerlo. Este comportamiento puede explicar el hecho de que, aunque se ha señalado en varios países, el hongo haya causado verdaderas epifitotias solamente en áreas cálidas.

Las plantas son atacadas en cualquier estado de vida, especialmente cuando están en pleno desarrollo, lozanas, con tallos turgentes, como ocurre frecuentemente antes de la floración. El hongo vive en el suelo y se pone en contacto con el huésped en la región más susceptible, por salpicaduras de las lluvias o cuando se aporcan las plantas.

En las áreas afectadas del tallo, es frecuente notar un micelio blanquecino, algodonoso, el cual, visto al microscopio, se presenta continuo, de anchura irregular, grueso, toruloso, rico en gotas de aceite, con abundante producción de esporangios. Estos son redondeados, ligeramente ovalados, germinan produciendo un tubo que forma en su extremidad una vesícula evanescente, en la cual se forman las zoosporas biflageladas. La mayoría de las variedades de maíz sembradas en escala comercial se han visto atacadas por la enfermedad, difiriendo muy poco en cuanto a susceptibilidad.

Las prácticas culturales tendentes a mantener el campo limpio y aireado, con distancias de siembra y control de malezas adecuados, sin remover o aporcar cuando el suelo está húmedo, son medidas de combate eficaces. El uso de los herbicidas ha ido reduciendo y eliminando la enfermedad.

b. Pudrición carbonosa por Macrophomina phaseolina (=M. phaseoli, Sclerotium bataticola, Rhizoctonia bataticola)

La enfermedad se presenta, generalmente, cuando el maíz está en proceso de maduración y está casi siempre asociado a un estrés de la planta, debido a períodos de sequía (especialmente en áreas arenosas) y altas temperaturas. El hongo ataca las raíces y los entrenudos, invadiendo la médula, la cual se vuelve negruzca (carbonosa) y fibrosa, llena de micelio y esclerocios del hongo. Tales esclerocios, de color negruzco y tamaño variable, se observan también externamente en la superficie del tallo. El hongo es polífago y ataca a muchas plantas, entre ellas el sorgo, la soya, el girasol y el ajonjolí. La propagación del hongo se efectúa a través de los esclerocios, que permanecen en el suelo con los restos de cosecha.

c. Fusariosis del tallo

Los síntomas en el campo se manifiestan bajo la forma de unas manchas aceitosas, húmedas, localizadas en las hojas del cogollo; seguidamente, estas manchas se vuelven blanquecinas, alargadas, extensas, con bordes necróticos, mientras que el cogollo se alarga y, frecuentemente, se dobla; las hojas del cogollo no se abren sino que permanecen en forma de tubo alargado y decolorado. A veces se pudre todo el cogollo y el tallo. El agente causante es el hongo Fusarium moniliforme, el cual causa también una enfermedad muy parecida en la caña de azúcar, denominada "pokkan boeng". En los tejidos necrosados, se nota un micelio blanquecino, más frecuente en las hojas envainadoras, a nivel de los nudos. La enfermedad se presenta sobre todo en áreas cálidas, con alta humedad relativa. Los conidios (micro y macroconidios) se forman en los tejidos necrosados, y son diseminados por el viento. La forma perfecta (Gibberella) se encuentra raramente. (Fig. 1, E, F)

d. Pudrición por Gibberella

En la superficie del área necrosada del tallo, el hongo forma abundantes peritecios. Estos son pequeños y negruzcos; contienen las ascas, con ocho ascosporas hialinas y triseptadas. Internamente, los tejidos se disgregan y se quiebran, tomando una coloración rojiza-negruzca.

Gibberella zeae (=G. roseum f. sp. cerealis), en su forma anamorfa Fusarium roseum f. sp. cerealis (= F. graminearum), produce en un medio de cultivo, un micelio color rosado con abundantes macroconidios pluriseptados. La propagación de la enfermedad se efectúa por medio de las ascosporas y de los conidios, los cuales son llevados por el viento hasta las mazorcas o tallos, donde germinan y penetran los tejidos.

e. Los hongos que atacan a las mazorcas son, en su mayoría, los descritos anteriormente como presentes en las semillas, especialmente cuando ocurren períodos muy húmedos durante la formación de los granos. Los más frecuentes son: Fusarium moniliforme, Diplodia maydis, Nigrospora oryzae, Cladosporium herbarum y varias especies de Penicillium, Aspergillus y Rhyzopus. Las mazorcas así afectadas toman diferentes coloraciones, pierden su consistencia y se pudren. (Fig. 1, G, H)

La presencia de estos hongos en las mazorcas es de gran significación, ya que denota que los grandes problemas micóticos que se encuentran en los granos almacenados, no son realmente daños o problemas del almacenamiento, sino que se trata de patógenos que infectan la mazorca y los granos en el campo, antes de la cosecha. Se sabe que los granos infectados por Aspergillus flavus o Aspergillus parasiticus continen la micotoxina aflatoxina, así como los infectados con hongos del género Fusarium, principalmente F. moniliforme, contienen fumonisina, una micotoxina altamente tóxica para los humanos y animales, pudiendo también ser cancerígena.

Estudios hechos en Venezuela (Mazzani y Borges, 1994), así como en otros países como Brasil (Hirooka et al., 1966) y Argentina (Chulze et al., 1996), no sólo han señalado la presencia de estas micotoxinas en los granos almacenados, sino en el campo y en granos con diferentes estados de maduración. La infestación de los granos no es igual, en calidad y cantidad, en todas las regiones del país, pudiendo estar presente un contaminante (Aspergillus o Fusarium), o los dos, según las condiciones del ambiente edáfico y climático. F. moniliforme es, probablemente, el más perjudicial en nuestras condiciones, porque invade en forma sistémica la planta y de allí los granos, produciendo varios tipos de fumonisina (B1, B2, B3).

De lo anterior se desprende que hay que combatir las infecciones en el campo antes y durante las operaciones de cosecha, aplicando las prácticas descritas en algunos tratados especiales, como CIMMYT, UNDP y USAID, 1986. Aflatoxin in maize. Proceedings of the workshop, México. 389 pp.



Enfermedades del follaje

Las manchas foliares son muy frecuentes en todas las áreas maiceras del país. Por lo general, ocasionan necrosis y secamiento en porciones de las hojas y, a veces, del tallo, reduciéndose así la capacidad fotosintética y, por ende, el potencial de producción. En un trabajo experimental, sobre el efecto de la reducción artificial del área foliar, cortando mecánicamente partes de las hojas, para reducir el área foliar al 25, 50 y 75% del total, la producción se redujo también en 4,70; 12,50 y 28%, respecto a la del testigo sin cortes (Hernández y Malaguti, 1985).

Generalmente, las manchas foliares causadas por hongos son tamaño y forma definidos; las de origen bacteriano se presentan comúnmente en forma de estrías y las ocasionadas por virus son indefinidas y generalizadas. También se presentan manchas de origen no parasitario.


Medidas de control

El combate de estas manchas se basa sobre todo en:

a. El empleo de variedades resistentes, pues se ha visto que, en general, la resistencia está determinada por un gran número de genes, los cuales se pueden transferir por hibridación a las variedades susceptibles o a ciertas líneas. El grado de resistencia de un híbrido está generalmente relacionado con las líneas puras resistentes que intervienen en su formación.

b. El saneamiento y uso de prácticas culturales que hayan dado resultados beneficiosos, como la eliminación de los restos de cosecha de los campos con alto grado de infección; mejorar el drenaje y el desmalezamiento, para lograr una buena circulación de aire.

c. El uso de fungicidas preventivos al follaje ha sido aconsejado en algunos casos para los maíces dulces, utilizados como hortaliza, o para ciertas líneas de gran valor genético. En general, el uso de fungicidas, u otros productos químicos, en las siembras comerciales es costoso, y debe ser planificado, calculando el umbral económico correspondiente.


Manchas foliares por hongos


a. Tizón común o del norte (Exserohilum turcicum)

Las manchas son elípticas, ovaladas, puntiagudas, de un color castaño gris ceniza, con bordes definidos; son muy alargadas, llegando a medir unos 250 mm de longitud y unos 3 a 10 mm de ancho. A veces, bastan unas pocas manchas para cubrir toda la lámina foliar, secándola. Frecuentemente, el tejido más necrosado dentro de la mancha se raja longitudinalmente y se quiebra. En su parte central es fácil observar los conidióforos y conidios del hongo, con apariencia aterciopelada de puntitos negros. (Fig. 2 A)

El hongo causante Exserohilum turcicum (= Helminthosporium turcicum; Bipolaris turcica; Drechslera turcica) fue descrito, por primera vez en Italia en 1876; su propagación se efectúa principalmente a través de los conidios, los cuales, diseminados por el viento, en presencia de humedad y temperatura adecuadas (19 a 31ºC), germinan sobre las hojas de maíz y penetran, dando lugar a nuevas infecciones o manchas.

La diseminación a través del viento explica el por qué se pueden encontrar plantas enfermas en lugares distantes entre sí. La germinación de los conidios, penetración e infección se cumple en un lapso de 6 a 18 horas. Las manchas aparecen 8 a 12 días después de la infección, formándose en ellas los conidióforos y conidios para continuar el ciclo.

Los conidios (esporas asexuales) son largos, de forma elíptica, rectos, con los extremos ahusados, con el "hilo", bien visible y prominente. Las paredes internas o septas (en número de 5 a 8, en promedio 6) envuelven cada célula en que está dividido el conidio; son marcadas y consistentes. Los conidios miden de 86,9 a 138 µ (micrones) de largo (promedio 90,48) y de 16,5 a 23 µ (promedio 18,8) de ancho). Los conidióforos son cortos, gruesos y torcidos, algo geniculados en el ápice.

El estado sexual, ascóforo (Trichometasphaeria turcica), no es frecuente, y la perpetuación del hongo se efectúa, principalmente, por medio del micelio ubicado en las lesiones viejas.

Además del maíz, el hongo ataca al sorgo (Sorghum bicolor), al pasto Sudán (S. sudanense), a la paja Johnson (S. halepense) y al teosinte (Euclaena mexicana) (Malaguti y Subero, 1971).

b. Tizón del sur (Helminthosporium maydis)

La enfermedad apareció en Venezuela y otros países del mundo en forma repentina y severa, en los años 1970 y 1971. En los EUA, en los mismos años, este tizón adquirió características epifitóticas. La enfermedad se extendió rápidamente desde los estados del sur (Florida, Mississippi, Alabama), a través de las regiones eminentemente maiceras (Illinois, Iowa), hasta Canadá, favorecida por las corrientes de aire que en tal sentido atraviesan América del Norte. Inmediatamente, en la literatura fitopatológica mundial se publicaron innumerables trabajos sobre esta enfermedad. De ellos se desprende que el fenómeno se atribuyó a la diferenciación de un biotipo de H. maydis, de extraordinaria virulencia hacia los maíces que contienen el tipo de citoplasma con el factor macho estéril de origen ‘Texas’ (Tms). Ese biotipo se llamó raza ‘T’, diferenciable de la raza ‘O’, común y endémica en todo el continente, incluyendo a Venezuela. Después de la epifitotia de este tizón, esa fuente de androesterilidad fue descontinuada.

En Venezuela, así como en otros países, desde 1983 se viene usando el citoplasma ‘C’, procedente de Brasil, derivado de la variedad ‘Charrúa’, que hace parte del material duro conocido como ‘Cateto’. Esta fuente ha sido incorporada a varios híbridos que han mostrado bastante tolerancia al hongo, existiendo siempre el peligro que el hongo forme una raza ‘C’ virulenta para los maíces con ese citoplasma. Por esto, muchas empresas productoras de semilla híbrida son cautelosas en el empleo de tales materiales. En el país, existe desde varios años el hongo H. maydis con su raza normal (‘O’) y no la raza ‘T’.

Las manchas son paralelas, color castaño claro, tostado o color paja, de forma, por lo general, rectangular, alargada, delimitada por dos nervaduras, de una longitud desde 3 hasta 25 mm (promedio 13,4) y un ancho de 1 a 3,5 mm. Los bordes longitudinales de la mancha son casi siempre rectos, bien definidos, a veces de color castaño-rojizo, mientras que los límites transversales son frecuentemente irregulares, no bien definidos y con un halo amarillento (Fig. 2, B). Cuando las manchas confluyen, dan lugar a amplias áreas necróticas, donde se forman los conidióforos y conidios. La enfermedad ataca principalmente las hojas bajeras e intermedias de las plantas jóvenes, sobre todo en el ambiente cálido y muy húmedo de la estación lluviosa.

El hongo causante Helminthosporium maydis (= Bipolaris maydis; Drechslera maydis) crece bien entre 20 y 32ºC (óptimo 28ºC). Los conidióforos se presentan en hacecillos; son rectos, delgados, septados (promedio 12 septas) y nacen de un estroma sub-epidérmico, bien evidente, irrumpiendo a través de espacios intercelulares o de estomas. Los conidios son alargados, por lo general arqueados, con una pared externa que envuelve todo el conidio, y paredes internas más delgadas que envuelven individualmente a cada célula en que está dividido el conidio (5 a 12 septas, promedio 8). El "hilo" no es prominente (como en E. turcicum) y su color es algo más obscuro. El tamaño de los conidios es variable: miden de 49 a 125,4 (promedio 75,9) de largo y de 11,6 a 17,5 µ (promedio 13,7) de ancho

Los conidios germinan por lo general bipolarmente. La forma ascófora (Colchiobolus heterostrophus) se ha encontrado en la naturaleza, así como en medio de cultivo. El hongo se perpetúa, especialmente como micelio, en los restos de cosecha (hojas, tallos y mazorcas) en el campo y, a veces, en la semilla. Los conidios son diseminados por el viento y pueden propagar la enfermedad, desde unas pocas infecciones primarias a un gran número de plantas.

A pesar de que en nuestro país no ha sido determinada la raza ‘T’ del hongo, sino solamente la raza ‘O’, muchos cultivares de maíz han mostrado una susceptibilidad notable, incluyendo los de citoplasma ms de diferente origen (T, S.R, Vg, Tu, Amargo Blanco, Tilcara, Molinos, Libertad).

Un estudio comparativo de la sintomatología y etiología de las dos enfermedades ha sido realizado por Malaguti y Subero(1971b).

A diferencia de E. turcicum, que se encuentra desde hace tiempo en todas las zonas maiceras del país, inclusive en las regiones frías de los Andes, H. maydis se presenta solamente en las áreas cálidas y en las épocas de alta humedad. Para el desarrollo del primero, la temperatura óptima es alrededor de 24ºC; para el segundo, entre 28 y 30ºC. H. maydis es más virulento que E. turcicum, pues es de crecimiento más rápido, de más rápida germinación del conidio y penetración en el huésped, observándose síntomas unas 36 a 72 horas después de la inoculación (en vez de 10 a 12 días registrados para E. turcicum). También el porcentaje de infección en las plantas inoculadas con este hongo es más elevado.


c. Mancha por Curvularia

Se trata de pequeñas manchas translúcidas, muy frecuentes en los maizales de las regiones cálidas y húmedas; a veces recubren todas las hojas, desde las bajeras a las apicales. Las lesiones podrían confundirse con infecciones localizadas y abortadas de roya.

Las manchas son circulares u ovaladas, de diámetro entre 0,8 a 3,0 mm (promedio 1,8); en un comienzo son de un color verde oliva claro, de apariencia aceitosa; luego se destaca, en su centro, una pequeña área necrótica de un color grisáceo blanquecino, con un borde rojizo, mientras que alrededor de toda la mancha permanece un halo aceitoso, translúcido, bien visible, especialmente cuando se observa a contraluz.

Frecuentemente, las manchitas están limitadas por una nervadura, tomando, en ese caso, la forma de semiluna. Son ligeramente hundidas y por lo general, aunque estén muy cercanas unas de las otras, cada mancha conserva su individualidad.

El hongo causante, identificado como Curvularia pallescens, crece bien en medio de cultivo (agar papa glucosado al 2%), donde toma al comienzo una coloración blancuzca, luego se torna pardo rojiza y, por último, verde oliva oscuro, casi negruzca.

El micelio es muy septado, ramificado, color castaño brillante en el substrato. Los conidióforos son de color pardo, no ramificados, erectos, septados intensamente hacia el ápice, frecuentemente geniculado, y con pequeñas nudosidades. Los conidios son ovalados, cilíndricos, no sigmoides, a veces encorvados, de un color castaño claro; por lo general, con tres septas transversales, siendo las dos células centrales de mayor tamaño y de un color algo más oscuro que las de los extremos, más pequeñas y hialinas. El hilo es bien visible, así como en el conidióforo es evidente la cicatriz donde se ha desprendido el conidio.

El tamaño de los conidios es de 19 a 31 micrones de largo por 9 a 13 de ancho (media: 24,2 x 11 micrones). Los conidios germinan rápidamente, pues a las dos horas de haberse colocado sobre una película de agar agua, una o más frecuentemente, ambas células apicales, emiten una especie de vesícula que luego se alarga en un tubo germinativo. A las 6 horas, el micelio hialino, ramificado y septado, se ha alargado unos 250 a 400 micrones.

La enfermedad se propaga y disemina rápidamente debido a la gran capacidad esporulante del hongo, y a la fácil diseminación del inóculo por el viento.

Esta enfermedad no produce una quemazón o secamiento del follaje (como se observa en los tizones descritos antes), probablemente porque este hongo no produce toxinas que se difundan y necrosen los tejidos. Aunque la mayoría de los cultivares de maíz han mostrado ser susceptibles a la enfermedad, cabe señalar que, en general, las viejas variedades son menos atacadas que algunos de los recientes híbridos y líneas puras, algunos de ellos introducidos (Malaguti y Subero, 1971a).


d. Mancha gris o cercosporiosis

También denominada mancha lineal, se ha vuelto en estos últimos años muy perjudicial en las siembras comerciales de maíz de todo el mundo (Latterell y Rossi, 1983), incluyendo a Venezuela. Las manchas son estrechas y alargadas, rectangulares, delimitadas por las nervaduras; son de un color gris a tostado, variando en tamaño hasta medir unos 6 a 8 cm de largo; frecuentemente se unen formando extensas áreas necróticas que secan la hoja. El organismo causante es el hongo Cercospora zeae maydis, cuyos conidios son alargados, ligeramente encorvados, hialinos pluriseptados (6 a 12 septas) y miden entre 40 a 165 micrones de largo por 4 a 9 micrones de ancho.

El ciclo de la enfermedad y las medidas de combate son similares a las indicadas para las otras enfermedades fungosas del follaje, descritas anteriormente


e. Mancha de asfalto

Se trata de una mancha color castaño oscuro con una amplia costra carbonosa en el centro, sobresaliente, que la hace similar a una porción de asfalto ("tar spot"). Las manchas son redondeadas u ovaladas, pequeñas (1 a 5 mm de diámetro), casi siempre con un halo amarillento o translúcido, bien visible a su alrededor; frecuentemente confluyen formando estrías alargadas. Las costras mencionadas son los estromas o clípeos del hongo causante (Phyllachora maydis) y están constituidos por un conjunto de ascocarpos (peritecios), casi esféricos, sumergidos en el mesofilo, de un diámetro promedio de 190 micras. Los ascos son cilíndricos, cortopedicelados, alargados (100 a 180 x 8 a 10 µ.), contienen 8 ascosporas, más o menos elipsoidales, hialinas, sin septas, dispuestas en posición monoseriada, miden en promedio 10,5 por 6 micrones.

En Venezuela, la enfermedad se presenta en localidades elevadas, o sea en ambientes moderadamente fríos y húmedos (estados Trujillo y Mérida). Es grave sólo en casos excepcionales, ya que, por lo general, ataca al follaje del maíz después de la floración, ocasionando un secamiento prematuro y, desde luego, una disminución de la producción (Malaguti y Subero, 1972), (Fig. 3 A, B).


f. Mancha parda o morena

Es frecuente en la mayoría de las siembras comerciales del maíz en ambiente cálido húmedo, cuando la planta llega a su período de floración. Las lesiones se manifiestan primeramente en la base y raquis de las hojas, especialmente en la porción envainadora y en el tallo; inicialmente son amarillentas y ovaladas; luego se unen para formar manchas alargadas, de color pardo oscuro, profundas, que ocasionan grietas en la base de la hoja o en el tallo, a la altura de los nudos. En las lesiones es fácil observar, a simple vista, una masa de estructuras negras que son los esporangios del hongo. Al separar la hoja envainadora del tallo, las lesiones son más evidentes en la parte interna de la vaina. En los últimos años se ha observado cubriendo amplias áreas de las hojas. (Fig. 3 C, D).

El hongo causante es Physoderma maydis (P. zeae maydis), un oomicete holocárpico, con micelio muy reducido, pero que produce en las lesiones, un gran número de esporangios color castaño púrpura, con doble pared lisa. Son de forma redondeada, excepto por uno de sus lados, que es plano. Cuando el esporangio germina, libera a través de un opérculo dehiscente, una cantidad de zoosporas uniflageladas, las cuales pueden germinar y penetrar en los tejidos jóvenes
La perpetuación del hongo es por medio de los esporangios maduros, los cuales permanecen en los tejidos afectados.


g. Mancha zonada

Es común en sorgo, pasto Sudán, paja Johnson (Sorghum halepense), paja falso Johnson (S. verticilliflorum) y también en maíz. En éste es menos frecuente, y las lesiones no son tan extensas y llamativas como en los otros huéspedes mencionados. Se presenta únicamente en ambiente húmedo y las manchas de un color pardo se desarrollan en forma de franjas circulares concéntricas de diferente color (pardo grisáceo alternando con pardo rojizo); su tamaño es variable: desde unos pocos centímetros hasta 10 a 12 cm de diámetro.

El agente causante es el hongo Gloeocercospora sorghi, el cual, en las lesiones, produce los conidióforos en forma de hacecillos compactos que nacen de un estroma prominente (esporodoquio); de ellos nacen los conidios envueltos en una masa gelatinosa de color rosado a salmón, siendo hialinos, erectos como agujas, o ligeramente encorvados, muy largos, llegando a medir hasta unos 200 micrones de largo (promedio 82,5 x 2,4) (Fig. 3 F).

En el tejido necrótico pueden formarse esclerocios, redondeados y de color negruzco, que son estructuras de resistencia del hongo.


h. Antracnosis

Se presenta en condiciones de alta humedad, ocasionando manchas ovaladas, hundidas, redondeadas, de color castaño grisáceo en el centro y con bordes castaño rojizos. En los tejidos necrosados se forman los acérvulos del hongo causante de la enfermedad (Colletotrichum graminicola); ellos son circulares, de color negruzco, conteniendo conidióforos erectos, hialinos, no septados, junto con setas alargadas, oscuras y septadas. Los conidios son hialinos, sin septas, cilíndricos o encorvados, producidos aisladamente en el ápice del conidióforo; miden entre 26 a 31 micrones de largo. Ellos son los responsables de la propagación de la enfermedad.


Manchas foliares causadas por bacterias

En Venezuela se han descrito varias bacteriosis en maíz, pero su incidencia generalmente es limitada u ocasional, relacionada casi siempre con condiciones particulares de alta humedad, lluvias prolongadas, siembras muy densas y temperaturas variables, con alternación de períodos cálidos y frescos.

*9Las bacterias atacan cualquier parte de la planta, pero fundamentalmente, la parte aérea, especialmente a las hojas, en las cuales causan lesiones de aspecto acuoso, alargadas o en forma de estrías o rayas, pudiendo causar una quemazón de todo el follaje. Las bacteriosis del maíz son comunes también en sorgo y en paja Johnson. Las descritas en Venezuela son:

a. Estría o rayado bacteriano del sorgo, maíz y otras gramíneas por Pseudomonas andropogonis. Las lesiones en las hojas y tallos, en un principio, son de color verde oscuro y húmedas; luego toman una coloración rojiza, formando rayas a lo largo de la lámina foliar, separadas por las venas. A veces, pueden formarse manchas individuales, cercanas, rodeadas de una especie de anillo clorótico, pudiendo coalescer en forma de parches hundidos (Fig. 4 A). En ciertas variedades susceptibles, pueden llegar a causar una pudrición del cogollo y paralización del desarrollo de la planta.

b. Quemazón de los cereales por Pseudomonas avenae (=Acidovorax avenae), ocurre naturalmente en avena, sorgo, maíz y otros cereales. En maíz, ocasiona un estriado, así como manchas y pudriciones en la parte superior de la planta. Las estrías pueden coalescer y formar manchas necróticas extensas, muy perjudiciales para el cultivo (Fig. 4 B).

c. Pudrición del tallo y plántulas de maíz por Erwinia sp. (probablemente E. chrysantemi), que causa una pudrición en la parte basal del tallo.

Las bacterias penetran en los tejidos a través de heridas o, más comúnmente, a través de las aberturas naturales (estomas e hidatodos), cuando las hojas están impregnadas de agua.

Las medidas de combate para las enfermedades bacterianas son similares a las mencionadas anteriormente para las manchas foliares por hongos, o sea, el uso de variedades resistentes, la rotación de cultivos (si es posible), el saneamiento de los campos una vez cosechado el maíz, el control de las malezas para facilitar la circulación del aire, reduciendo la humedad ambiental. Igualmente, el control de los insectos salta hojas es útil, ya que muchos de ellos se encuentran asociados a las bacteriosis.

Varias instituciones de investigación están incluyendo en sus programas la evaluación de cultivares en cuanto a resistencia a bacteriosis. Es muy importante el uso de semilla certificada, libre de bacterias, ya que se ha comprobado que la mayoría de éstas se transmiten por semilla. También es necesario destruir los restos de cosecha en las plantaciones afectadas, ya que se ha demostrado que la permanencia de las bacterias fitopatógenas en exsiccata puede ser de meses y aun hasta de años.


Los carbones del maíz

El carbón común: fenómeno arcaico del maíz

El carbón común (Ustilago maydis = U. zeae) es un carbón "volador" que infecta cualquier órgano aéreo de la planta, por medio de los esporidios llevados por el viento. Se encuentra difundido en todo el mundo. Es frecuente observar la enfermedad en la mazorca, la cual queda abultada y deformada como una bolsa carbonosa. A veces, los granos invadidos por el hongo mantienen su individualidad, como una bolita hiperplástica, cubierta de una película lúcida, delgada, conteniendo la masa carbonosa que son las clamidosporas del hongo.

En el país, su incidencia es variable, pudiendo aparecer de improviso en ciertas siembras, aparentemente favorecido por período irregulares de sequía, con temperaturas entre 26 y 34º C, y por los daños mecánicos (insectos o viento), que facilitan la diseminación y penetración del inóculo; a veces, es más frecuente en zonas tropicales altas y de clima templado.

La incidencia es mayor en plantas que crecen en suelos ricos en nitrógeno y, en particular, en tejidos en pleno crecimiento o en transformación. Así, se observa con mucha frecuencia en las inflorescencias masculinas transformadas o hipertrofiadas por la acción del hongo Peronosclerospora sorghi.

En general, el daño económico es limitado, ya que en las variedades e híbridos actualmente cultivados en Venezuela no se encuentra más del 1 ó 2 por mil de plantas afectadas.

Los síntomas son muy visibles y llamativos y consisten, principalmente, en la formación de agallas, tumores o bolsas cubiertas por una membrana blanquecina y brillante, la cual al romperse, deja al descubierto una masa carbonosa o pulverulenta de esporas negras. El tamaño de la bolsa es variable (0,5 a 15 cm de diámetro), siendo mayores las que se forman en la mazorca.

El hongo U. maydis tiene teliosporos o clamidosporas de color oliva negruzco, de forma esférica u ovalada, equinuladas, con diámetro de 8 a 11 micrones, los cuales constituyen las masas carbonosas, con aspecto de hollín, antes descritas.

Al romperse las bolsas, y al ser llevadas por el viento en sitios y condiciones favorables, estas clamidosporas binucleadas germinan formando un promicelio, del cual se originan cuatro esporidios (basidiosporas) haploides hialinas. La infección es producida por las hifas que se originan directamente de la clamidospora en germinación o de esporidios. La penetración ocurre a través de los estomas, heridas o directamente a través de la pared celular. Una entrada más fácil es a través del estigma o estilo (barba) de la mazorca. Las células del huésped, bajo el estímulo del micelio del patógeno, aumentan de tamaño y número, formando las agallas (hiperplasias e hipertrofias), en las cuales el micelio diferencia las masas de esporas.

Para el combate de esta enfermedad es necesario sembrar variedades resistentes si se dispone de ellas; no causar heridas a las plantas durante el cultivo; proporcionar una fertilización balanceada y, sobre todo, recolectar a mano las bolsas carbonosas y destruirlas antes de que se rompan.

En cuanto a este carbón, merece la pena reportar algunas observaciones escritas por Ernst, quien como se dijo, encontró la enfermedad en 1891, en algunas siembras de Sabana Grande y Chacao, cerca de Caracas:

"Algunos investigadores sostienen que las esporas no germinan en el agua o lo hacen con dificultad; nosotros, sin embargo, hemos logrado hacerlas germinar fácilmente en este líquido al cabo de dos días. Conservan su vitalidad por largo tiempo: al escribir esto, tenemos a la vista algunas observaciones recogidas hace dos años, que germinaron en una solución nutritiva (extracto de estiércol) después de cuatro días, y lo mismo sucederá probablemente en el campo o, por lo menos, con pocas diferencias".

"La germinación se verifica como sigue: la membrana interna se hincha porque la espora absorbe algo de líquido ambiente; en consecuencia revienta la membrana externa y sale como un tubo, llamado promicelio, que se llena de protoplasma. Aparecen después en el tubo, tabiques transversales que lo dividen en varias células, siendo mayores aquellas de la extremidad, que se designan con el nombre de esporidias, las que germinan separadamente y producen hilos miceliales que pueden penetrar en los tejidos de la planta por los estomas de la epidermis..."

"...La mazorca infectada queda del todo destruida y no puede servir ni para alimentar el ganado, pues saldrían las esporas con el estiércol y extenderían la infección. Además, algunos creen que el hongo es un veneno para animales y hombres y que su ingestión produce indisposiciones y enfermedades más o menos graves..."

Sin embargo, en el mismo trabajo, el autor concluye que la ingestión de carbón es inocua para los animales, al referirse a un experimento en el cual "a una yegua de 12 años y a un caballo castrado de 6 años, le suministraron, durante cinco meses, 46 y 42 kg del hongo, respectivamente, sin que presentaran síntomas evidentes de malestar. En los excrementos se encontraron numerosas esporas" (Ernst, 1891).


Otros Carbones

Otros carbones señalados en Venezuela, pero de muy escasa ocurrencia, son el carbón de la panoja (Sphacelotheca reiliana) y el falso carbón (Ustilaginoidea virens).

El carbón de la panoja se manifiesta mediante la presencia de agallas en la mazorca y especialmente en la inflorescencia masculina. El hongo causante (S. reiliana) sobrevive en el suelo o en la semilla. Penetra en la planta joven y se mantiene sistémico en ella hasta desarrollarse en la mazorca o en la inflorescencia masculina. Las agallas están cubiertas inicialmente por una membrana que luego se rompe, dejando salir la masa carbonosa de las esporas.

Se trata de un carbón fijo, el cual invade a las plántulas por medio del micelio procedente de las clamidosporas que perduran y germinan en el suelo, y aparece como tiras carbonosas en las inflorescencias, sean masculinas o femeninas.


b. El falso carbón (Ustilaginoidea virens).

En realidad, no es un carbón (Ustilaginal) sino un Ascomicete, relacionado con Claviceps sp. En efecto, el hongo forma masas miceliales o esclerocios, en cuya superficie se forman partículas redondeadas, con paredes gruesas, las "yemas", que son órganos de diseminación. Sucesivamente, estos esclerocios endurecen y sustituyen los granos de polen; a veces producen conidios de color verduzco (de aquí el nombre de la especie), los cuales, al germinar, producen esporas secundarias, similares a los esporidios de las Ustilaginales.

Una enfermedad similar es frecuente en arroz. En maíz se presenta raramente, por lo cual todavía no constituye un factor limitante del cultivo.


Las royas

Las royas constituyen un problema endémico en el cultivo del maíz. En efecto, todas las siembras de cualquier variedad y en cualquier época del año, presentan ataques más o menos intensos de roya. En todas las áreas maiceras del país, ocurre siempre alguna de estas tres royas conocidas: Puccinia sorghi, Puccinia polysora y Physopella (Angiopsora) zeae.

Generalmente, en el cultivo del maíz se les da poca importancia a las royas, por el daño aparentemente reducido que ocasionan, pues el ataque casi siempre se manifiesta cuando las plantas están ya desarrolladas. Sin embargo, cuando las pústulas se presentan en las hojas jóvenes o se reúnen en número elevado, hasta formar áreas necróticas confluyentes, todo el follaje puede secarse, con una considerable reducción de la producción.

En las tres royas, el principal inóculo primario y secundario está constituido por las uredosporas. En P. sorghi, las teleutosporas son más frecuentes y pueden jugar un papel importante en la perpetuación del hongo, el cual prefiere una temperatura algo fresca (18 a 23ºC), a diferencia de P. polysora y P. zeae, que requieren de temperaturas altas (sobre los 27ºC), en áreas bajas, a menos de 1000 m.s.n.m.

El control de las royas se basa, principalmente, en la selección de variedades resistentes y en el empleo de las prácticas agronómicas (buen drenaje, limpieza de los campos, saneamiento) que pueden crear un ambiente menos favorable al desarrollo de los patógenos. En ciertos casos, puede ser conveniente el uso de algunas aplicaciones de fungicidas, comenzando tan pronto aparezcan las primeras pústulas.

En los futuros planes de mejoramiento de maíz, será útil tener en cuenta el comportamiento de los diferentes tipos y cultivares hacia las royas mencionadas.

A diferencia de otros países, donde las infecciones de roya proceden de áreas lejanas (como, por ejemplo, las infecciones de la roya del trigo, cuyo inóculo desde Argentina puede paulatinamente llegar hasta Canadá), el cultivo continuado del maíz durante casi todo el año, en los países tropicales, asegura una fuente de inóculo constante.

En Venezuela, las tres royas y sus correspondientes hongos causantes han sido ampliamente descritas por Malaguti (1962).


a. Puccinia sorghi

Es la roya común del maíz, que se encuentra en todas las regiones maiceras del mundo, ataca la parte aérea de la planta, especialmente hojas, hojas envainadoras y brácteas de las mazorcas.

Las pústulas o uredosoros son, generalmente, esparcidos sobre las hojas, bien desarrolladas, prominentes, polvorientas, de color anaranjado castaño y se quiebran con una amplia abertura longitudinal, que deja salir las uredosporas, redondeadas, rojo amarillentas. Éstas varían en forma y tamaño, siendo redondas y ovaladas, con pared celular algo espesa, con equinulos pequeños y finos, y con un diámetro promedio de 26 micrones. Con el tiempo, las pústulas toman una coloración más oscura, dejando ver en su interior unos esporos, también negruzcos, que son las teleutosporas. Éstas son bicelulares, ovaladas, con paredes lisas y de doble espesor en ambas células; son de color castaño oscuro, con la célula superior redondeada y la inferior terminada en un pedicelo alargado, que puede llegar a medir el doble del cuerpo de la teleutospora (Fig. 5 A).

El hongo, contrariamente a lo que indica el nombre, no ataca al sorgo; forma su estado pícnico y ecídico en especies de Oxalis, especialmente O. coniculata. En Venezuela, a pesar de existir varias especies de Oxalis, no se han observado dichos estados, siendo probable que el ciclo del hongo se limite a las formas descritas: uredo y telio. La enfermedad ocurre en todo el país, incluyendo los lugares frescos de los Andes, sea en el estado uredospórico que teleutospórico. Es la única especie presente arriba de los 1000 m.s.n.m. y es endémica en todas las regiones maiceras del país, causando daños notables cuando se presentan condiciones favorables para su desarrollo.


b. Puccinia polysora

Es conocida también con el nombre de roya americana. Fue descrita primero sobre Tripsacum sp. y, posteriormente, en 1941, Cummins señaló al maíz y al teosinte (Euchlaena mexicana) como huéspedes del hongo. Después de 1950, P. polysora se ha vuelto tristemente famosa por las epifitias ocasionadas en África y que han sido calificadas como "catastróficas" y "devastadoras".

Los trabajos de selección han llevado a descubrir fuentes de resistencia en maíces de México y América Central, mientras que en África ha sido encontrada una nueva raza del patógeno.

Comparados con los de P. sorghi, los uredosoros y los teleutosoros de este hongo son más pequeños y de forma más redondeada, agrupados y con la epidermis que permanece recubriéndolos hasta tanto estén maduros (Fig. 5 D).

Los uredosporos son un poco más claros que los de P. sorghi, frecuentemente ovalados, con equinulos más ralos y más prominentes. Los teliosporos son de color castaño claro, angulosos, elipsoidales, bicelulares, con las dos células generalmente de diferente tamaño, siendo la inferior más pequeña y de forma irregular, con paredes delgadas y son portadas por cortos pedicelos.

Su distribución es universal, ya que además de África, existe en Asia y en Norte, Centro y Sur América. En Venezuela, Kern la señaló, en 1938, sobre Tripsacum laxum en Chacao, cerca de Caracas, y éste fue el primer reporte de dicha especie en Sur América. Según ese autor, es frecuente en Tripsacum y parece seguir el cultivo de esta gramínea, siendo posteriormente señalada y descrita sobre maíz (Malaguti, 1962). Esta roya se encuentra en todos los lugares cálidos (por debajo de los 1000 m.s.n.m.) donde se cultiva maíz o Tripsacum durante todo el año; por ello, puede considerarse actualmente como la roya más difundida en el país (Fig. 5 E).


c. Physopella (Angiopsora) zeae

Este hongo se ha encontrado solamente en las regiones cálidas de Centro y Sur América (área del Caribe) y por ello se le llama también roya tropical. Con los nombres de Uredo pallida y Puccinia pallescens, ha sido señalada en años anteriores sobre Tripsacum y Euchlaena.

En maíz, el hongo ocasiona manchas bien visibles, formadas por innumerables pústulas reunidas en un área ojival, alargada, de color ceniza o gris amarillento. Las pústulas son bien pronunciadas, pequeñas, cubiertas por la epidermis de las hojas y no se quiebran, saliendo los uredosporos maduros por una pequeña abertura. Los uredosporos son de color amarillento hialino, ovalados, de forma a veces irregular, poco o regularmente equinulados, pequeños en tamaño (promedio 18 x 25 micrones). Los teleutosoros son de color castaño chocolate, formándose generalmente en los dos extremos de la pústula; los teleutosporos son alargados, angulares, sin pedicelo, dispuestos en cadenas de dos o más células, reunidas en haces (Fig. 5 F,

En Venezuela, Kern y Thurston identificaron Angiopsora zeae sobre una muestra de maíz recolectada en 1938 por Chardon (Herbario Micológico CIA, Nº 2590), que la había considerado erróneamente como P. sorghi. En este exsiccatum pueden verse los uredosporos y teliosporos característicos de Physopella zeae. El hongo se ha encontrado produciendo ataques epifitóticos, bajo condiciones climáticas muy variables, en períodos de lluvia o de secano, en diferentes regiones del país. Durante 1996 causó serios daños en muchas siembras de diferentes zonas, en particular del estado Aragua.

En la actualidad, el inóculo abundante y presente durante todo el año, hace de esta roya una de las más peligrosas para el cultivo del maíz en Venezuela (Malaguti y Subero, 1996).

d. El hiperparasitismo en royas

Las royas, que como se ha visto son parásitos muy perjudiciales de las plantas de maíz, son frecuentemente atacadas por otros hongos hiperparásitos, los cuales invaden y se desarrollan en las pústulas o soros de las royas, destruyéndolos. Los más comunes, especialmente en las pústulas de P. sorghi y P. polysora son Derluca pilum y Verticillium sp. Mediante la acción de estos hongos beneficiosos, y bajo ciertas condiciones naturalmente favorables, puede ocurrir un control biológico parcial o total de las royas.


El mildiú lanoso o punta loca del maíz

El maíz, al igual que el sorgo, es atacado por varias especies de hongos de los géneros Sclerospora y Sclerophthora, los cuales causan enfermedades conocidas con el nombre común de mildiú lanoso ("downy mildew"). En maíz, con el nombre de "cabeza loca" o "punta loca" ("crazy top"), se ha designado una filoidia o virescencia muy marcada de la panoja, inducida por el hongo Sclerospora macrospora. Sin embargo, la misma manifestación puede ser ocasionada por otras especies de hongos de la familia Peronosporaceae, como Sclerospora sorghi, posteriormente clasificado como Peronosclerospora sorghi, el agente causante del mildiú lanoso del sorgo y maíz (Malaguti et al.,1977; Shaw, 1977).

En Venezuela, la enfermedad se observó por primera vez en 1972, en una siembra experimental de sorgo en el estado Yaracuy, y luego se fue extendiendo a las regiones maiceras de los estados centrales o centro occidentales del país, causando daños variables, según la incidencia del ataque.

La planta afectada presenta manifestaciones muy llamativas, volviéndose más erecta, con hojas cloróticas, amarillentas, frecuentemente estriadas, igualmente erectas y puntiagudas. La inflorescencia masculina sufre las mayores transformaciones, presentando proliferaciones exageradas y una marcada filodia, con alargamiento de las hojas y formación de nuevos tallos y panojas, casi siempre con bolsas del carbón común (Ustilago zeae). Las mazorcas son estériles y frecuentemente se prolongan en un nuevo tallo con estructuras foliares. Posiblemente, el hongo produce metabolitos que alteran la fisiología de la planta, induciéndola a su vez a modificar todo su sistema enzimático y hormonal, dando lugar a las modificaciones anatómicas y morfológicas observadas.

Las hojas jóvenes de las plantas infectadas presentan en ambas caras, especialmente en horas tempranas de la mañana, una eflorescencia blanquecina, como una leve capa de lana o algodón, constituida por los conidióforos y conidios del hongo. Se han llamado así (no esporangios y esporangióforos) porque esa estructura anamorfa germina directamente mediante un tubo germinativo, sin dar lugar a zoosporas como ocurriría en el caso de esporangios, siendo ésta la base para la creación del nuevo género Peronosclerospora (Shaw, 1977), (Fig. 6 F, G).

Seguidamente, se forman las estructuras sexuales o teliomorfas del hongo (oosporas), entre las nervaduras de las hojas invadidas, las cuales se rasgan o desflecan en forma de tiras, debido a la presión mecánica ejercida por la masa de oosporas en crecimiento (Fig. 6 H).

Los conidióforos son erectos, hialinos, ramificados dicotómicamente y llevan los conidios sobre esterigmas alargados, cónicos. Los conidios son hialinos, esféricos u ovalados, con un diámetro entre 15 a 28 micrones. En presencia de alta humedad y de una temperatura entre 18 y 23ºC, los conidios germinan directamente por medio de un tubo germinativo, capaz de penetrar e infectar al huésped. Los conidios comprenden, en su interior, varios núcleos (generalmente 21 a 22). (Fig. 6 F).

Las oosporas se forman en el tejido del mesofilo, entre los vasos fibrovasculares; son esféricas, de doble pared, de color castaño en la madurez. Tales oosporas son muy abundantes en sorgo (Sorghum bicolor), pero escasas en maíz. Ellas pueden perdurar en el suelo por varios años y así constituyen el inóculo primario, pudiendo germinar e infectar las plántulas recién germinadas.

De lo anterior se desprende que las plántulas de maíz pueden infectarse de dos maneras: por medio de las oosporas presentes en el suelo o por medio de los conidios llevados por el viento desde los tejidos foliares parasitados y esporulantes.

Algunas hojas, especialmente las más jóvenes, que son las primeras en ser infectadas, presentan una división neta entre la parte enferma y la sana de la lámina foliar ("hoja mitad enferma" o "mancha de media hoja") (Malaguti, 1978).

El hongo Sclerospora macrospora, causante de la "punta loca verdadera" ("crazy top"), se ha detectado esporádicamente en Venezuela sobre la maleza Setaria sp. Este hongo produce oosporas de mayor tamaño y con paredes más gruesas que las de P. sorghi; en la lámina foliar se encuentran adheridas a las nervaduras, y no libres, entre nervaduras, como las de P. sorghi (Fig. 6 I). La maleza afectada presentó filoidia o punta loca.

El método más seguro de control es el uso de variedades resistentes. Afortunadamente, se han observado notables diferencias entre el material genético ensayado, en cuanto a susceptibilidad a la enfermedad, destacándose algunas líneas procedentes del área del Caribe (CIMMYT), de las Filipinas (‘DMR’) y Tailandia (‘Suwan’) con resistencia aceptable.

En Venezuela, el CENIAP (FONAIAP) así como otras instituciones, están realizando trabajos de selección en la búsqueda de materiales resistentes (Borges y Riccelli, 1979; PROTINAL, 1976).

Otras medidas aconsejables son: el entresaque o erradicación de las plantas enfermas tan pronto aparezcan, en siembras de 20 a 50 días de edad; son fácilmente detectables a distancia por sus hojas erectas sobresalientes y su color verde claro; además, deben quemarse los restos de cosecha; destruir o eliminar la paja Johnson, dentro y en los alrededores de los campos cultivados, y evitar las rotaciones entre maíz y sorgo en aquellos campos donde haya ocurrido la enfermedad.

Una última medida es el empleo de fungicidas sistémicos a base de Metalaxil, de acción particular contra los Peronosporales. Existen varios productos en el mercado (Ridomil® de Ciba-Geigy; Aliette® de Rhone-Poulenc), pero las aspersiones al follaje de las plántulas jóvenes serían antieconómicas, por lo que el empleo más aconsejable es su aplicación como desinfectante de semillas. En este caso, las plántulas absorben el producto y quedan protegidas de los ataques del hongo durante los primeros 15 a 20 días después de la germinación, período en el cual son más susceptibles a la p


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