![]() ![]() |
Venezuela » Estado de Bolívar » PUERTO ORDAZ » Teclados / Viernes 02 de Junio del año 2006 / 12:02 Hrs. Historia, características, denominaciones y afinidades. ...
El Clavicordio, Clavecín o Clavicémbalo
Historia El clavecín surge probablemente por el deseo de poner un teclado al salterio. La referencia más antigua que se conoce data de 1397 y la primera representación de la que se tiene noticia, es una escultura en un altar de 1425 en Minden, al noroeste de Alemania. Ha llegado hasta nosotros un manuscrito, de aproximadamente 1440, cuyo autor, Arnaut de Zwolle, miembro de la corte del duque de Borgoña, dibuja de manera inequívoca un clave con al menos tres sistemas bastante complejos para producir el pulsamiento de la cuerda. No obstante, se sabe que ya en 1419 había bastantes constructores de clavecines en el norte de Italia; de hecho, un gran número de los instrumentos antiguos que sobreviven son italianos, entre ellos el más antiguo (1521) y prácticamente todos los que se conservan del s. XVI. La literatura para este instrumento abarca, en una primera etapa, los siglos XV, XVI, XVII y XVIII, aunque es en estos dos últimos cuando alcanza su máximo esplendor y cuando tiene un repertorio propio, ya que durante todo el XVI y gran parte del XVII la música se componía para tecla, es decir, indistintamente para clavecín, órgano o clavicordio. A partir del tercer cuarto del siglo XVIII su uso va decayendo en favor del piano, instrumento éste que se adapta mejor al nuevo estilo musical imperante: el llamado clasicismo vienés. Pero antes de que esto ocurra, se ha formado ya un repertorio muy amplio, con compositores que van desde A. de Cabezón hasta la generación de los hijos de J. S. Bach e, incluso, Haydn y el primer Mozart, pasando por Frescobaldi, Picchi, M. Rossi, Storace, A. Scarlatti, Durante, Pasquini, Geminiani, Della Ciaja, Sweelinck, Byrd, Bull, Gibbons, Tomkins, Purcell, Chambonnières, L. Couperin, DAnglebert, F. Couperin, Rameau, Forqueray, Duphly, Froberger, Weckmann, Buxtehude, Pachelbel, Kuhnau, J.K.F.Fischer, G.Böhm, G. Muffat, Mattheson, Fux, J.S.Bach, D. Scarlatti, Soler y Albero, por citar solamente a unos pocos. Además de este repertorio como solista, el clavecín tiene un papel muy importante en la música de cámara, realizando el bajo continuo en casi todo el repertorio para voz o para instrumentos melódicos a lo largo de todo el siglo XVII y la primera mitad del XVIII, labor que también realiza en la música orquestal, en la ópera, oratorio, cantatas, etc. El clavecín desaparece por completo en el siglo XIX por razones estéticas, ya que la nitidez de su sonido y su carencia de flexibilidad dinámica no se adapta a las exigencias románticas. Pero son esas mismas cualidades las que hacen que sea apreciado en el siglo XX, que explota, además, el carácter "mecánico" del instrumento. De la mano de W. Landowska, redescubridora del instrumento, surgen obras como El Retablo de Maese Pedro y el Concerto per il Cembalo de M. De Falla y el Concierto campestre de F. Poulenc. Estas obras inauguran una segunda etapa de esplendor en el repertorio del instrumento, para el que han compuesto obras una gran cantidad de compositores de nuestro siglo, entre los que se pueden citar, sin ánimo de ser exhaustivo, autores como Milhaud, Martinu, Franÿaix, Frank Martin, Ohana, E. Carter, Gorecki, Montsalvatge y R. Gerhard, todos ellos con obras para clavecín solista y orquesta; y en repertorio de clavecín solo o en formaciones camerísticas, además de los citados, otros como Andriessen, Berio, Busoni, Cage, Casella, Cerha, Castelnuovo-Tedesco, H. Cox, Denisov, Donatoni, Dodgson, Farkas, F.Guerrero, C. Halffter, G.Jacob, M.Kagel, Krenek, Ligeti, L. De Pablo, Penderecki, Petrassi, Pinkham, Planyavsky, E. Rincón, J.M.Sánchez-Verdú, Sciarrino, Schnittke, P. Sáenz, Tansman, Takemitsu, Tcherepnin, Vaugham Williams y un larguísimo etcétera. Hay varias escuelas de construcción de claves. Las más importantes, tanto por su antigüedad como por su influencia, son la italiana y la flamenca. De ellas surgieron posteriormente la francesa, la inglesa, los clavecines de Alemania (de los que no se puede hablar propiamente de escuela ya que son de muy diferentes tipos) y los de la Península Ibérica. Cada uno de estos tipos de clave tiene una construcción y, por tanto, un sonido diferente. Esto es de una gran importancia puesto que el sonido cambiará, y en algunos casos mucho, dependiendo del clave que usemos al interpretar a Bach, a Couperin o a Frescobaldi. Los clavecines que se construyeron a principios del siglo XX no están basados en modelos originales de los siglos anteriores, sino que se diseñaron siguiendo unas pautas cercanas a la estética decimonónica, que dieron como resultado un instrumento muy diferente en cuanto a sonoridad, recursos y aspecto externo (más macizo y con pedales). Para este tipo de instrumento está escrito todo el repertorio de nuestro siglo hasta la década de los 60, aproximadamente.
Características El clavicordio es la forma más antigua del clavecín propiamente dicho, que a su vez, deriva del antiguo monocordio, (instrumento de una sola cuerda) de los autores teóricos griegos. La aparición del clavicordio se sitúa en Inglaterra, en el siglo XIV. Puede decirse que este instrumento llegó a desaparecer a fines del XVIII, y casi siempre tuvo menos cuerdas que teclas, de modo que conservaba muy reconocible su procedencia del monocordio.El clavicordio puede ser ligado o no ligado, es ligado cuando un mismo par de cuerdas sirve a dos o más notas adyacentes del teclado, al ser golpeado por las tangentes en diferentes lugares. Aún quedan algunos ejemplares primitivos de estos clavicordios ligados. Evidentemente un clavicordio ligado, estaba limitado en determinados pasajes musicales, y como consecuencia el clavicordio no ligado se impuso en el S.XVIII. Se aumentó la extensión del clavicordio hasta alcanzar las cinco octavas necesarias en la música galante de C.P.E.Bach. La cualidad expresiva de su música pide las sutiles variaciones de timbre, dinámica y vibrato (o bebung), que solo existen en el clavicordio. El clavecín, instrumento de teclado y de cuerdas pinzadas; pertenece a la misma familia de la espineta i del virginal. Derivado del psalterium y del tympanum, su característica principal es que las cuerdas, tensadas dentro de una caja de forma parecida al piano de cola moderno, son pinzadas por un pico de cuero, emplazado en el martinete, el cual se pone en movimiento con la tecla. En su forma definitiva posee dos teclados, numerosos registros ( accionados con las manos o mediante pedales) con la función de combinar los diversos juegos de cuerdas ( 4, 8 y 16 pies) y las sonoridades especiales (laúd, por ejemplo), así como la de acoplar los dos teclados. Entre el clavicordio y el clavicémbalo existe una marcada diferencia, pues él clavicémbalo es fruto de un perfeccionamiento, consistente en que, en la extremidad posterior de las palancas, en lugar de las tangentes que frotaban las cuerdas, había colocados unos finos vástagos de madera en los que estaban fijados unos tallos duros de plumas recortadas, que hacían sonar las cuerdas sin dividirlas. Como es natural, se debía dar a cada tecla una cuerda propia, cosa lograda por el clavicémbalo, en tanto que en el clavicordio, esto constituía una rareza El clavecín es un instrumento de cuerda pulsada, pulsación que se produce con un mecanismo controlado por medio de un teclado. El mecanismo funciona de la siguiente manera: sobre el extremo de la tecla que está más distante del que tañe, reposa en posición vertical una pieza de madera llamada martinete. Al pulsar la tecla, el martinete sube, y al soltarla, baja. En la parte superior del martinete se inserta una pequeña lengüeta de madera que pivota alrededor de un eje; en una ranura que tiene la lengüeta, se coloca la púa o plectro que pulsará la cuerda. La lengüeta tiene por detrás un resorte que actúa como muelle, de manera que al subir el martinete el plectro pulsa la cuerda, y al bajar, la lengüeta pivota para atrás y el plectro se desliza por la cuerda sin pulsarla y volviendo a su posición original. Por último, en el extremo superior del martinete hay una ranura en la que se coloca un pequeño trozo de paño o fieltro, así, cuando el martinete baja, el fieltro apaga la vibración de la cuerda. Antiguamente la púa o plectro era de cañón de pluma de ave, generalmente cuervo, pero debido a que se rompen con suma facilidad, hoy día se hacen de plástico. El clavecín puede tener uno o varios juegos de cuerdas. Cada juego de cuerdas tiene su propio juego de martinetes. Los martinetes están insertados en unas barras de madera, llamadas registros, que son móviles. De esta manera el plectro puede quedar justo debajo de la cuerda para pulsarla cuando suba el martinete, o mover el registro de manera que el plectro quede alejado de la cuerda y no pueda pulsarla cuando el martinete suba. Los registros se accionan de manera manual, lo que implica que hay que tener al menos una mano libre para poder accionarlos. El accionamiento de registros por medio de pedales o rodilleras es una invención tardía, de la segunda mitad del siglo XVIII, y que se aplicó también en la construcción de claves de finales del XIX y principios del XX. Por medio de los registros podemos hacer que al pulsar una tecla suenen una o más cuerdas, dependiendo del número de juegos de éstas que posea el clavecín Por extensión, a cada juego de cuerdas se le llama también registro. El clavecín puede también tener uno o dos teclados. Si tiene dos teclados tenemos la posibilidad de tocar con dos registros diferentes simultáneamente (una mano en cada teclado), o de hacer cambios de registración (pasando de un teclado a otro) sin tener que parar para mover el registro ni tener al menos una mano libre para hacerlo, como dije antes. Esta posibilidad de usar simultáneamente los dos teclados surge a mediados del siglo XVII, puesto que anteriormente todos los claves tenían un solo teclado, excepto algunos que se hacían en Flandes ya desde la última década del siglo XVI, que eran de dos teclados, pero no se podían tocar simultáneamente puesto que el teclado superior era transpositor y pulsaba las mismas cuerdas que el teclado inferior, a distancia de una cuarta, con lo que los teclados no estaban paralelos. Esto se ve claramente si se observa con atención el cuadro de Brueghel-Rubens que hace referencia al oído, dentro de la serie de los cinco sentidos, que está en el Museo del Prado. Hay un caso excepcional de un clave de tres teclados, construido en 1740 por Hieronymus Hass.
Denominaciones y afinidades Una cuestión que suscita no pocas dudas y que, por ello, conviene aclarar, es la relativa a los nombres. El instrumento del que hablamos se llama en castellano clavecín, en italiano, "cembalo" o "clavicémbalo"; en francés, clavecín; en portugués, "cravo"; en alemán, "cembalo", y en inglés, "harpsichord". Antiguamente tenía más nombres (cymbalum, clavicymbalum, gravicembalo, etc.) y, para mayor confusión, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XVIII, en España al clave lo llamaban "clavicordio". . Virginal, espineta y clavicordio, son instrumentos diferentes. El virginal y la espineta tienen exactamente el mismo funcionamiento que el clave y, por tanto, son también instrumentos de cuerda pulsada con teclado, pero se diferencian del clave en varias cosas. Ambos son instrumentos con un solo registro, más pequeños y de construcción más sencilla. La espineta puede tener la caja con forma rectangular o poligonal; el virginal la tiene siempre rectangular. La espineta suena como un clave, pero con un sonido más débil; el virginal tiene un sonido diferente al del clave porque tiene una diferencia importante de construcción: los martinetes atraviesan la tabla armónica en diagonal y pulsan la cuerda casi por la mitad de su extensión, con lo que se produce un sonido muy potente y aflautado. No obstante, conviene advertir que, al menos durante todo el siglo XVII, el término "virginal" designaba en Inglaterra cualquier instrumento de cuerda pulsada con teclado. Como hemos visto anteriormente, la terminología de todo este tipo de instrumentos ha sido muy variable. El clavicordio tiene con todos los instrumentos anteriores una gran diferencia: no es un instrumento de cuerda pulsada sino de cuerda percutida o golpeada. Es, por tanto, el antecesor del piano, dudoso honor que en ningún caso corresponde al clave. El clavicordio, en lugar de martinete tiene una varilla de metal, llamada tangente, que golpea la cuerda; este mecanismo ofrece la posibilidad de tocar más fuerte o más suave, dependiendo de la fuerza con que la varilla toque la cuerda, y también permite hacer vibrato si, una vez presionada la tecla, se insiste en la presión sin soltar la tecla. Tiene una sonoridad muy pequeña, pero de una gran expresividad; es un instrumento íntimo, de estudio, de tocar para uno mismo. Era el instrumento preferido de J. S. Bach. El sonido del clave, de una manera general, es muy nítido, con muchos armónicos agudos y con un ataque muy definido. La púa puede pulsar la cuerda con más o menos violencia, pero no se pueden hacer fuertes y pianos. Se puede cambiar el carácter del sonido, pero no su intensidad. Por medio de los cambios de registro se puede cambiar de timbre y de volumen (usando más o menos juegos de cuerdas), pero no de manera gradual. Este tipo de contraste dinámico y de claridad de textura sonora se adapta de manera perfecta a las características estéticas para las que fue concebido el repertorio para clave.
Los clavecines italianos De principios del siglo XVI, las principales características del clavecín italiano se mantuvieron hasta el fin del barroco. Estos clavecines eran de construcción ligera, generalmente acabados en el color natural de la madera. Acostumbraban a tener un teclado y uno o dos registros de 8 pies, que generlamente usaban simultáneamente, aunque algunos tenían un registro de 4 pies. Tienen un característico sonido mordiente, inmediato, casi percusivo, timbre muy adecuado para la música italiana del siglo XVII. Estos instrumentos son muy adecuados para el acompañamiento del bajo continuo, y la prontitud del ataque de la nota es una ayuda para los demás instrumentistas llevados por el clavecín. Fueron destacados constructores: Baffo (siglo XVI) y Cristofori (finales del XVII y principios del XVIII).
Otro principal tipo de clavecín de principios del siglo XVII era el instrumento de estilo flamenco, y el nombre de la familia Ruckers es el que está más asociado a ésta influyente tradición. Los instrumentos flamencos eran de una construcción más sólida que los italianos, con los dos juegos de cuerdas básicos (uno de 8 pies y otro de 4, o los dos de 8 pies). Eran corrientes dos teclados, aunque el superior se usaba originalmente para transponer. Únicamente en la segunda mitad del siglo XVII se usó éste para contrastar los diferentes timbres, con la posibilidad de acoplar los dos teclados para un sonido más lleno. En los instrumentos más tardíos se encuentra un registro de sordina en el teclado inferior. El sonido puede describirse como más lleno y redondo que en los instrumentos italianos, y la nota tiene una duración mayor. Un buen instrumento flamenco debe tener un sonido lleno en los graves y unos agudos dulces, como de campanillas. Los Flamencos frecuentemente pintaban sus instrumentos, y las tapas y las tablas de armonía decoradas eran corrientes. Aunque los talleres de la familia Ruckers dominaban el mercado, también hicieron buenos instrumentos: Couchet, Dulcken, y Albert Delin al final del período.
Los instrumentos franceses se desarrollaron a partir del modelo flamenco. Muchos de los llamados clavecines franceses eran de hecho flamencos de origen, reconstruidos por constructores franceses que aumentaban la extensión en graves y agudos. La música de Chambonnières, Louis y François Couperin, y Rameau pide una coloreada y rica sonoridad. Aunque los instrumentos flamencos del siglo XVII eran capaces de esto en parte, el clavecín francés desarrolló gradualmente sus propias características. Un típico clavecín francés de principios del siglo XVIII tenía dos teclados, dos juegos de 8 pies, uno de 4, y un registro de sordina. Con su extensión ampliada, era más pesado que el instrumento flamenco. Sus refinamientos en la construcción daban al sonido un calor y una plenitud a la altura de la elegancia de su aspecto. Los instrumentos de Blanchet y de Taskin, del siglo XVIII, son los más copiados.
Los clavecines ingleses, tenían un carácter más natural y llano, tanto en su aspecto como en la sonoridad, con un característico sonido potente, de agudos ásperos, y graves sonoros. Hechos en madera chapeada barnizada, de sencillo diseño, podían tener uno o dos teclados, siendo los instrumentos grandes más populares en el siglo XVIII. Presentaban la misma disposición que los flamencos, pero con la característica peculiar de un registro de laúd en el teclado superior, punzando las cuerdas más cerca del puente. Los principales fabricantes eran: Hitchcock en el siglo XVII, y Kirckmann, Shudi y Broadwood en el último período del clavecín. Las copias de éstos instrumentos son especialmente adecuadas para el estilo directo de los compositores ingleses, y para el acompañamiento del bajo continuo.
Los fabricantes de órganos ejercieron una influencia preponderante en la concepción de los clavecines en Alemania. Existen instrumentos con un registro de 16 pies, produciendo un efecto de órgano, aunque son raros, así como los instrumentos de tres teclados. En nuestros días se construyen instrumentos basados en modelos de Hass. En términos generales, el clavecín para tocar en solo era quizás menos popular en Alemania que en Francia o Inglaterra.
Los Flamencos usaban el término virginal, espineta y muselar para denotar cualquier instrumento del tipo del virginal. Llegaron a convertir la concepción del virginal en un arte elevado, consiguiendo en los instrumentos grandes un sonido lleno y rico, aunque de duración breve, como en todos los virginales. La música compuesta para éste instrumento tuvo en cuenta ésta brevedad del sonido, usando pasajes rápidos, y ornamentos en los finales. Para hacer frente a la variedad de diapasones y transposiciones en boga en el siglo XVII en el Norte de Europa, los virginales flamencos se construían en diferentes tamaños.
Igualmente popular en Italia era la espineta. Tomó dos formas: la usual de 8 pies, y un instrumento menor que sonaba una octava más alta, el ottavino de 4 pies. Generalmente el perímetro era poligonal, aunque el instrumento menor era frecuentemente triangular. Los instrumentos tenían un buen timbre, con agudos puros, y graves obviamente menos potentes que en el clavecín. Sin embargo, Charles Burney, en 1770, critica a los populares instrumentos de octava, diciendo que "suena más la madera que la cuerda".
Entre los instrumentos pequeños de cuerda punzada, las espinetas inglesas del siglo XVIII de la familia Hitchcock fueron claros exponentes de la cima del oficio. Eran de contorno en ala de pájaro, lo que permitía arrimar a una pared el instrumento, conservando la posibilidad de disponer de cuerdas largas en una disposición compacta. También se hicieron instrumentos con ésta forma en Alemania y Francia.
La espineta es un clavecín pequeño, de carácter doméstico, normalmente con una cuerda por nota. Sus cuerdas son más cortas, y frecuentemente se orientan diagonalmente al teclado para ocupar menos espacio. El virginal también tiene una cuerda por nota, pero éstas se orientan paralelamente al teclado. Este doméstico y útil instrumento era más popular que el clavecín en el Norte de Europa (particularmente en Inglaterra y los Países Bajos) a finales del siglo XVI y principios del XVII » http://personales.ya.com/constanti/hisclav2.htm Datos del Autor
Escribir al Autor
Agregar Comentario
Rankear este Aviso
Estadísticas
» p j |